"Entre los
pecados y vicios de las buenas letras, el peor, a los ojos de los
humanistas hombres de bien, es, sin duda, el que llamamos plagio o robo
de pensamientos y discursos. Crisipo en la antigüedad era maestro tan
sin escrúpulo, que tomaba lo suyo donde lo encontraba; y suyo era, en
su concepto, lo bueno, lo grande que los filósofos alcanzaban a idear y
expresar en la academia, el pórtico o el liceo. Corneille, en nuestros
tiempos, ha tomado con admirable franqueza de los autores cuanto ha
sido de su gusto y lo ha vendido por original. Ni en el filósofo
antiguo ni en el poeta moderno acredita eso pobreza de inteligencia,
sino así una como familiaridad y confianza, mediante las cuales los
bienes de sus amigos son como suyos, y por tanto buenos para el uso
propio.(...)
Las prendas
que tomaban Crisipo y Corneille eran, sin duda, más elegantes y
valiosas; pues yo supongo que no habrán ido a enriquecer sus obras con
arandeles y argamandeles teológicos que los hubieran vuelto ridículos
por extremo. Escritores hay tan sin género de aprensión, que ni
siquiera se toman la molestia de dar otra forma a las alhajas que
saltean; donde otros están haciendo memoria y averiguando consigo
mismos si tal idea no pertenece a tal filósofo, si este pensamiento no
lo expresó ya ese historiador o poeta. «La verdad es común a todos,
-dice uno que se burla de los que le acusan de plagiario: -el que la
dice antes, no le quita a nadie el derecho de decirla después». Con la
autoridad del viejo gascón, el filósofo de los Ensayos ahora poco
mencionado, pudiéramos prohijar o repetir ciertas cosas que cuadran con
nuestra índole; mas entre el crear y el imitar, entre el tener y el
coger, entre el producir y el pedir, la palma se la llevará siempre el
ingenio rico y fecundo que halla cosas nuevas, o reviste las conocidas
de tal modo que vienen a parecer originales y sorprendentes. La
imaginación no es más que la memoria en forma de otra facultad: si esta
es ocurrencia nuestra o puro recuerdo antiguo y confuso, no lo sabemos;
mas como no somos de los que toman su bien en donde lo hallan, hemos
querido advertirlo en orden a la materia de este capítulo. Pongamos que
la idea es de autor antiguo o moderno;
¿quién nos quitaría a nosotros el poder de amplificarla y desenvolverla
según el caudal de nuestras facultades? Sí, la imaginación es la
memoria, la memoria tergiversada de tal modo, que no se conoce ella
misma: imaginación es memoria cuyos mil eslabones rotos y dispersos va
tomando la inteligencia y acomodándolos de manera de formar con ellos
imágenes nunca vistas, las cuales son anagramas de las vistas y
conocidas (...)".
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