El relato se ha convertido en mención obligada para las obras que
tratan de la Posmodernidad y de los límites de la
intertextualidad. En él se da cuenta de los esfuerzos incompletos por
parte de Pierre Menard, de reescribir fielmente las
Aventuras del Ingenioso Hidalgo;
esta fidelidad se cifra en el carácter literal de la reescritura
menardiana: una reproducción letra a letra. Borges apunta irónicamente
que la obra de Menard no es una burda copia del original, puesto que
Menard se propone escribir de nuevo el Quijote, no plagiarlo; para ello
debe alcanzar el mismo resultado que Cervantes, sin contar con las
ventajas de su predecesor (la lengua de la época, las experiencias
cervantinas...); por lo que se puede sostener que el quimérico Quijote
menardiano, habría superado a su modelo.
El tema del plagio, de la reescritura y de la falsificación, está
presente de manera marcada en la obra borgeana. Así, en las
Crónicas de Bustos Domecq (escritas con Bioy Casares) el
plagio anticipatorio, sin que quepa distinción con la
intertextualidad intencional, tiene su aplicación ficcional en el César Paladión, variante de Pierre Menard, que elige sus
modelos y los asimila completamente. Borges enumera los títulos de las obras paladianas:
Emilio,
El sabueso de los Baskerville,
De los Apeninos a los Andes,
La cabaña del tío Tom,
etcétera. Borges asegura que si Paladión no se atrevió a apropiarse de
la obra de Lugones y sí de la de Herrera y Reissig es porque "no se
juzgaba digno de asimilarlos".

Esta fábula paradójica, como otras de Borges, ha servido de paradigma
poético de la Posmodernidad. Junto a otras narraciones borgeanas
como
Funes el Memorioso, la
Biblioteca de Babel o
Tlön, Uqbar, Orbis Tertius,
la fábula de Pierre Menard es el envés perfecto de las pesadillas
uqbarianas y pan-textuales: si todo está ya escrito -o prescrito-,
mejor sería quizás abandonarnos a la tradición y apropiarnos de ella.
Una propuesta que juega con un sistema de variantes con los peritextos
y paratextos; umbrales -espacios ambiguos entre y alrededor de los
textos y su recepción; dentro y fuera de la obra a un tiempo- pero que
indudablemente determinan la forma que tenemos de relacionarnos con
ella.
Se ha sostenido que Pierre
Menard existió realmente y que se trataría de un autor francés menor
modernista, relegado definitivamente al olvido por la sombra de su
omnipresente homónimo. Esta variante apócrifa ha sido explotada por el
insigne hispanista francés Michel Lafon en una
Vida de Pierre Menard publicada recientemente
-Une vie de Pierre Ménard (Paris: Gallimard, 2008).

Obabakoak se
compone de 26 relatos independientes insertados en un marco narrativo
común. El libro esta dividido en tres partes ("Infancias",
"Nueve palabras en honor de Villamediana" y "En busca de la
última palabra"), en la segunda el hilo conductor es dado por
el viaje de dos amigos a Obaba que van a visitar al tío de
uno de ellos, en la sobremesa, se hilvanan reflexiones literarias con
las correspodientes narraciones que las ilustran. El tio sostiene que
toda la literatura moderna es plagio y cuenta varias
apólogos a propósito. Como toda literatura es plagio,
cada escritor esta obligado a repetir lo que ya se dijo. No
obstante, para que el plagio sea exitoso, se deben observar varias
reglas fundamentales:
1) Tomar un texto clásico que ya nadie lee.
2) Pasarlo a otro tiempo y otro lugar.
3) Cambiar los nombres propios y la persona del relato.
4) Enmascarar la narración de
tal manera que los perezosos periodistas, dedicados a una árida
y obsoleta actividad, no lo reconozcan.
Esta defensa de la intertextualidad absoluta, sobre
la inectulabilidad del plagio, concluye que todos los cuentos son
variaciones de un único cuento, y pone como ejemplo un relato
persa sufí, el cual B. Atxaga parece haber sacado de
Borges, quien a su vez confiesa haberla sacado de Jean Cocteau.
Al parecer, en 1995 se produjo un pequeño escándalo en
Holanda, cuando se hizo público que un poema de Pieter van Eyck,
verdadero emblema nacional,
no era más que una traducción de la versión de J. L. Borges.
- Por favor, ¡plágienme! (plagiando sistemática y progresivamente)[1991]. Alberto Laiseca (1941).

En las primeras sesenta páginas, Alberto Laiseca
expone un manifiesto poético del plagio; el resto del libro está
compuesto por cinco "apéndices" que cuentan una historia y constituyen
la aplicación práctica de los presupuestos teóricos expuestos
previamente. El propio autor presenta de este modo la obra:
Mis malvados personajes nos cuentan cómo se puede tener toda una vida
dedicada a desvalijar a los otros sin que a uno lo pesquen. “Ustedes
creen que el plagiario plagia por el dinero, pero no es verdad. O por la
fama: es una idea completamente errónea. Plagiamos por el placer de
plagiar. Nunca se nos hace justicia. Somos entre los artistas los más
incomprendidos. Fíjese que hasta nos confunden con los creadores.
Apaleados cuando nos descubren. Nosotros, por nuestra parte, seguimos
trabajando en negro en el mercado paralelo del oro. Sin claudicaciones.
El saqueo literario, según ellos, es una “Weltanschuung”: un punto de
vista del mundo. La distancia más corta entre el hombre y el Superhombre.
Un profesor de universidad y
reconocido crítico literario (con derecho a columna en el suplemento literario semanal), es además un escritor
frustrado que no duda en recurrir a la suplantación y el robo
literarios para lograr el éxito. En esta novela de suspense y
sátira, J. A. Mañas explora los dos sentidos del
término "plagio" en español: el secuestro de personas y de
textos.
- Copyright [2001]. Jorge Maronna (1948) y Luis María Pescetti (1958).

Los autores, uno de los cuales es integrante del trío
Les Luthiers,
escribieron esta obra a "cuatro manos", extremadamente satírica
y paródica, con las colaboraciones involuntarias de F.
Kafka, M. de Cervantes Saavedra, G. García Márquez, J.
Cortázar, el Marqués de Sade, G. Flaubert, R. L.
Stevenson, H. Melville, A. C. Doyle, A. Dumas
sr.,
M. Proust, entre otros autores. La novela narra las peripecias y
tribulaciones de Lucas Modím de Bastos -"un tal Lucas"- para
escribir una novela en el plazo de una semana, con el único
objetivo de conquistar a la bella y caprichosa Michelle, aquejada de
una incurable ninfomanía por los literatos. Dada su incapacidad
para escribir, Lucas recurre al plagio de "corte y pega" con un
éxito insospechado que le llevará a ganar prestigiosos
certámenes e incluso el Premio Nóbel. Para muestra de su
técnica, he aquí su primer párrafo-collage:
En
un
lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, frente al
pelotón de fusilamiento el coronel Aureliano Buendía
había de recordar aquella tarde en que, al despertar de un
sueño agitado, Gregorio Samsa se encontró en su cama
transformado en un horrible insecto.
.
- Los negros del traductor (Les nègres du traducteur) [2004], Claude Bleton (1942).

El hispanista y traductor, Claude Bleton, logra darle la vuelta al adagio itálico de "
traduttore: tradittore",
con esta su primera novela, en la que, con una ironía cruel, cuenta la vida de un traductor
con una vocación frustrada por la escritura, que tras adquirir
una posición dentro del Hispanismo francés, empieza
reescribiendo las obras que traduce para acomodarlas al gusto
francés, y termina por escribir las traducciones sin tener el
original, por lo que se ve obligado a buscar al escritor
hispánico que le quiera escribir las obras que supuestamente
traduce.
- Caja negra [2005], Pablo Sánchez (1970).

El protagonista de
Caja Negra, Raúl Garay, es acusado por un escritor que no conoce
de plagiar una novela que no ha leído. Su reacción es por lo tanto la
esperable: niega en rotundo las acusaciones y, ante la insistencia de
los medios y de su entorno, acaba accediendo a leer el libro de su
acusador, comprobando desconcertado que las acusaciones sí tienen
fundamento; las semejanzas entre su libro y el ajeno son inquietantes.
Conforme parece perder apoyos entre los suyos (su editor ya no le cree
y ordena retirar el libro de la venta), Raúl Garay empieza a dudar de
sí mismo y recuerda la etapa en la que leía manuscritos para una
editorial en una habitación babélica donde había cientos de manuscritos
que nadie leía y que nunca eran devueltos, por lo que en ocasiones
volvían a ser revisados, incluso por el mismo lector, que no se
percataba de su error hasta que era demasiado tarde. En un momento dado, el mismo
Garay comienza a dudar de su memoria.
Pablo Sánchez narra en primera persona y desde la posición
del acusado un caso de plagio, invocando y ejemplificando a través de
ese caso ficticio las aporías de la Teoría y de la Crítica una a una.
En su conclusión no se vislumbra la posibilidad efectiva de dirimir
cómo debe ser entendido el relato del protagonista, a qué veredicto
debería llegar el lector. En
Caja negra
podemos encontrar la totalidad de los tópicos más relevantes sobre
plagio y teoría literaria, incluidas las teorías contemporáneas. Se
trata, a fin de cuentas, de una evolución natural, habida cuenta de la
permeabilidad de las fronteras genéricas que casi han convertido a la
Crítica en un género ficcional más, o viceversa
- La conferencia. El plagio sostenible [2006]. Pepe Monteserín (1952)
José Buelves, peón técnico de
profesión, lector incombustible, autodidacta empedernido, recibe
el encargo de pronunciar una conferencia en el ateneo local sobre el
sueño y el despertar en las primeras líneas de los textos
literarios (de novelas, el género
lírico descartado). En la novela, asistimos a la
conferencia y, a través de
flash-backs,
a la docena de días que la precedieron y en las que el
protagonista la preparó.
Durante su larga disertación, el
conferenciante hace un repaso de la historia de la literatura como un
"gran plagio universal" , tesis que hilvana con citas de los comienzos
de novelas de su extensa y ecléctica biblioteca personal. El
libro, pues, expone una
praxis activa de la apropiación de textos ajenos, mediante la
interpolación
de fragmentos y modulaciones de "frases célebres", sin llegar no
obstante a una apología absoluta del plagio, dado que la
sátira suaviza la ejemplaridad del texto, y el "plagio" cometido
en la ficción por Buelves no es tal en la novela de
Monteserín, que es marcadamente "original" y "creativa", y en
absoluto parasitaria de los textos de los que pretende depender.
La
mezcla de ficción y realidad, de novela y ensayo (la obra
ganó un concurso bajo la segunda rúbrica), sirve para
confeccionar una suerte de Florilegio de comienzos de novela
y un catálogo desordenado de "
Plagiarios ilustres".
- Río Fugitivo [1998, 2008], Edmundo Paz Soldán (1967).

En
Río Fugitivo,
Edmundo Paz Soldán ha explorado las posibilidades del plagio como etapa
juvenil de aprendizaje literario. El tema del plagio (como en otras
obras de Paz Soldán) forma parte de la trama y del fondo de la novela,
que parece estar escrita, en cierto modo, para luchar contra el imperio
demasiado poderoso de las generaciones anteriores, la del Boom (en un
momento dado el narrador se pregunta "cuántas novelas no habrán dejado
de escribirse por culpa de Gabriel García Márquez").
Los límites de la
intertextualidad son, por consiguiente, algunos de los resortes de la
historia, donde el protagonista y narrador, Roberto (reencarnación
boliviana del Alberto de
La ciudad y los perros),
busca su paternidad literaria en Mario Vargas Llosa y en el plagio.
Mientras, reescribe novelas de Agatha Christie, que circulan entre sus
compañeros de clase (cada vez más exigentes), y edita la revista del
colegio:
Serás nuestro
Vargas Llosa, me decía, y yo encantado, Vargas Llosa era mi modelo,
quería -quiero- escribir de Bolivia como él escribe de Perú y de paso
que todo el mundo me lea (…) Pero, ¿qué sucede si uno quiere escribir
pero no tiene ideas propias todavía, o carece de la experiencia
necesaria para transformar su vida en literatura? Pues, hay que
plagiar. Plagiando las historias de otros se llegará a algún lado, al
menos eso es lo que uno espera (…) Por supuesto, de esto no se tiene
que enterar nadie. El plagio no es bien visto en estos tiempos en que
la originalidad es aplaudida y sobrevalorada. ¿Cómo convencer a la
gente que hasta para plagiar uno necesita ser original, no es cuestión
de robar y listo? (PAZ SOLDÁN, 2008, págs. 26-27).